Santa María la Ribera. Origen y evolución

Por: Mtro. Arq. Gerardo Hernández Septién

Durante la época virreinal y el siglo XIX, al poniente de la Ciudad de México, la calzada México-Tacuba –de origen prehispánico y que originalmente atravesaba la antigua Laguna de México- en sus tramos llamados “Puente de Alvarado” y “Ribera de San Cosme” fue una zona preferida por la aristocracia local para establecer casas de campo con huertos y jardines.


Ahí se encontraba el acueducto llamado popularmente “de la Tlaxpana” que llevaba por sus 900 arcos agua potable del pueblo de Santa Fe al centro de la ciudad, a espaldas del convento de Santa Isabel (donde hoy se encuentra el Palacio de Bellas Artes).


El complejo franciscano de los santos Cosme y Damián –oficialmente de Nuestra Señora de la Consolación, establecidos en el área desde el siglo XVI y cuya iglesia aún existe- dio origen al barrio de San Cosme (parte de la actual colonia San Rafael); el hecho de encontrarse a orillas –o en la ribera- de la laguna dieron el nombre “Ribera de San Cosme” a un tramo de la antigua calzada. Ejemplos notables de arquitectura virreinal sobre este antiguo camino los encontramos en la llamada Casa de los Mascarones –residencia campestre de los condes del Valle de Orizaba- sobre Ribera de San Cosme y en el neoclásico palacio del Conde de Buenavista -actual Museo Nacional de San Carlos-, en Puente de Alvarado.


Hoy, la avenida Ribera de San Cosme marca el límite sur de la colonia Santa María la Ribera, mientras que la actual avenida Insurgentes marca su límite al oriente. Al norte colinda con la antigua calzada a Nonoalco –hoy Eje 1 Norte Ricardo Flores Magón- y al poniente con el Circuito Interior Río Consulado, llamado así en recuerdo al canal artificial que existió en el lugar, y que fue entubado en 1944.


Para 1861 –fecha que marca el nacimiento de Santa María la Ribera como el primer fraccionamiento de la Ciudad de México- la desamortización de los bienes del clero, las Leyes de Reforma, el surgimiento de sociedades inmobiliarias y el cambio del valor de los terrenos, provocaron entre otras cosas que el crecimiento de la ciudad –que se había mantenido prácticamente del mismo tamaño por más de tres siglos a pesar de un aumento considerable en su población- se diera en extensos terrenos que pertenecían a haciendas y ranchos que rodeaban a la capital[1]. [1] Colonias surgidas en este periodo y un poco después –tales como la Guerrero, la Hidalgo (hoy de los Doctores), San Rafael, Juárez, Cuauhtémoc y Roma- adquirieron auge y su establecimiento definitivo durante la prolongada estancia de Porfirio Díaz en el poder, en un afán modernizador y de desarrollo que había traído la “pax porfiriana” y el crecimiento económico del país bajo el lema “Orden y Progreso”.


Tal es el caso de la colonia en cuestión “en la Rivera (sic) de San Cosme”. El proyecto de la colonia fue ideado por los hermanos Estanislao, Joaquín y Micaela Flores –que constituyeron la primer sociedad inmobiliaria de la capital-, y se estableció en el Rancho de Santa María, en terrenos pertenecientes a la antigua Hacienda de la Teja.


Como fraccionamiento “moderno”, Santa María la Ribera hacía gala de sus características campestres. Esta idea fue reforzada por la nomenclatura de sus calles, ya que de norte a sur recibían nombres de árboles, mientras que de este a oeste lo hacían de flores. La colonia tuvo un lento desarrollo a menudo entorpecido por el ayuntamiento de la ciudad, pero continuó de manera ininterrumpida hasta bien entrado el siglo XX.


Surgida en medio de un furor tecnológico cristalizado por construcciones en vidrio y acero tales como la cercana –hoy desaparecida- estación de trenes de Buenavista, el Palacio de Cristal -hoy Museo del Chopo- el Kiosko Morisco y el Museo de Geología, Santa María la Ribera se consagró desde sus orígenes como una apacible colonia de clase media -aunque también hubo ejemplos de vivienda obrera y de clase alta-, situación que continuó hasta después de la Revolución Mexicana; su decadencia se dio a causa del crecimiento desordenado de la ciudad, la aparición de nuevas colonias residenciales y de conjuntos urbanos –Nonoalco Tlatelolco y El Centro Urbano Presidente Alemán, por ejemplo-, hacia donde sus residentes emigraron, el cambio del precio del terreno y del uso de suelo en la zona, situación que se agudizó sobre todo en los años 50 y 60 del siglo XX, hasta llegar a la actualidad, donde la otrora señorial colonia se encuentra desdibujada y parcialmente abandonada.


Por las calles de Santa María la Ribera han pasado o vivido grandes personalidades del mundo político, intelectual y artístico del país. No obstante lo monumental del patrimonio arquitectónico que aún conserva, muchas de las construcciones que le dieron rostro e identidad han desaparecido o han sido transformadas y mutiladas, provocadas entre otras cosas por la creación de ejes viales, el tráfico pesado que circula a diario por sus arterias perimetrales, la desmedida y agresiva especulación inmobiliaria, la falta de coordinación entre habitantes y las autoridades, falta de conocimiento, negligencia, etc.


Espero que el rico tejido social que caracterizó a la colonia, sus negocios tradicionales, las escuelas casi centenarias e instituciones de beneficencia que han permanecido en sus terrenos por décadas, sus espacios de convivencia, su atractiva historia, su notable arquitectura sobreviviente –única en México por el contexto en el que se desarrolló-, el sentimiento de arraigo de varios de sus habitantes y su céntrica ubicación, provoquen que Santa María la Ribera resurja y se valore, en aras de revertir la dinámica negativa que por muchos años ha caracterizado al sitio.


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[1] Colonias surgidas en este periodo y un poco después –tales como la Guerrero, la Hidalgo (hoy de los Doctores), San Rafael, Juárez, Cuauhtémoc y Roma- adquirieron auge y su establecimiento definitivo durante la prolongada estancia de Porfirio Díaz en el poder, en un afán modernizador y de desarrollo que había traído la “pax porfiriana” y el crecimiento económico del país bajo el lema “Orden y Progreso”.

Bibliografía:

* Reyna, María del Carmen y Krammer, Jean-Paul. Casas y huertas en la Ribera de San Cosme, siglos XVI-XIX. México: INAH, 2009.

* Tello Peón, Bertha. Santa María la Ribera. México: Clío, 1998.

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